El horror del Boko Haram impulsa a la vida

El horror del Boko Haram impulsa a la vida

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Cuatro. Catorce. Catorce. Lydia Pogu recuerda vívidamente aquel día — y su sueño es interrumpido a menudo por sueños aún más vívidos de esa fecha transformadora. Tarde en la noche del 14 de abril del 2014, Pogu y 275 niñas mayomente cristianas fueron secuestradas por el Boko Haram, una organización militante islámica, de su colegio en Chibok, Nigeria. Fue una noche llena de terror inimaginable... y principalmente para Pogu, una voz pequeña.

Pogu, quien tenía 16 años en ese tiempo, sabía muy bien cómo el Boko Haram trataba a quienes violaban sus opiniones extremas. Informes de secuestros, violaciones, palizas, asesinatos masivos, ejecuciones, quemar vivos a las personas, y rehenes que venían a ser esclavos sexuales o de mano de obra eran actos comunes de cómo el Boko Haram asolaba al campo, con miles de cristianos que sufrían su ira.

Pogu explica que temprano en el día, dos hombres se acercaron a la escuela en una motocicleta con atuendo militar. "Pensé que estaban allí para protegernos", dice. En vez de eso, los hombres estaban disfrazados con el fin de preparar el camino para que otros miembros del grupo saqueen la escuela.

"Eran cerca de las 11 de la noche cuando empecé a escuchar disparos y gritos y lloros de chicas," dice Pogu, que es la sexta de ocho niños en su familia. "Había mucho ruido y confusión. Amenazaron con matarnos si no hacíamos como nos decían."

Los terroristas empezaron a incendiar cosas y robaron vehículos para transportar a las chicas. Pogu y su amiga Joy Bishara se encontraban con otras chicas en un montón de la parte trasera de un camión que también llevaba barriles de gasolina y otros objetos robados de la escuela y la ciudad.

"Nos llevaron por largo tiempo, estábamos tan asustadas," dice Pogu. "No sabíamos donde estábamos o adónde íbamos."

Parecía que habían estado en el camión por horas, pero era difícil decir hasta qué punto habían viajado.

"En África, las carreteras no son como las de los Estados Unidos," dice Pogu. "Son de tierra y muy disparejas — por lo que nuestro camión no iba muy rápido."

Como las chicas dentro de la camioneta se aferraban una a la otra con temor para estar seguras, Pogu dice que empezó a oír voces en su cabeza. Una de las voces le decía que permaneciese en el carro, que ella estaría segura y todo estaría bien; pero la otra voz — había algo en esa voz que la atraía a ella — suavemente le pedía que saltara desde la parte trasera del camión y escapara. Ella se volteó hacia su prima que también había sido secuestrada y le dijo el plan, pero ella no quiso saltar — por miedo a lo que les podría pasar si las capturaban.

El camión donde estaban estaba detrás de la caravana, seguido por militantes en motocicletas. Cuando los motociclistas de pronto aceleraron más adelante para ayudar en algo, Pogu y una amiga saltaron desde la parte trasera de la camioneta, cayendo ilesas en la carretera y corrieron rápidamente en la espesura cercana. Bishara saltaría pronto después. La prima de Pogu, hasta este día, permanece cautiva del Boko Haram.

"Como una niña que crecía, siempre fuimos a la iglesia, mi papá incluso trabajaba en la iglesia," Pogu recuerda, "pero no estaba cerca de Dios. No entendía lo que era Dios. Iba a la iglesia porque eso era lo que mi familia hacía."

Pero cuando escuchó esa suave voz diciéndole que escapara, instintivamente sabía que Dios estaba hablándole.

Pogu explica que muchas otras chicas también saltaron desde la parte trasera de la camioneta, pero muchas de esas chicas estaban en vehículos que tenían militantes en ellos, estaban muy bien atrapadas, o estaban en carros donde sería muy difícil saltar y escapar con éxito.

A pesar de que Pogu y su amiga avanzaron con seguridad dentro de los matorrales, sus miedos no se aliviaron. No tenían idea en dónde estaban, no sabían si los militantes las estaban buscando, y los matorrales africanos no son lugares seguros. Desconocido para ellas, los militantes ya las habían conducido o ya estaban en el bosque de Sambisa, una reserva de caza y un lugar de reunión del Boko Haram. Las serpientes venenosas, los leopardos y los perros salvajes eran las amenazas reales.

Pero para las dos chicas, los animales salvajes nunca fueron un problema — pero si la espesura. Los arbustos y árboles pequeños que conforman el bosque de Sambisa son conocidos por sus espinas duras y afiladas. Pronto las chicas derramaban sangre porque las espinas traspasaban sus manos, desgarraban sus uniformes delgados y tajaban sus cuerpos, brazos y piernas. Sin inmutarse del dolor e impulsadas por el miedo de recibir un disparo o ser capturadas, las niñas corrieron durante toda la noche, tratando de distanciarse cuanto podían entre ellas y los militantes.

Al amanecer, las muchachas con sus uniformes ahora en jirones ensangrentados, conocieron a una familia en la selva que también se había estado escondiendo del Boko Haram, pero estaban dispuestos a ayudarles. La familia viajó con ellas lejos de los militantes. Cuando se acercaba la noche, se encontraron con una persona en una motocicleta quien, después de saber lo que había pasado, las llevó a las chicas a Chibok.

Pogu encontró a sus padres frente a la iglesia, donde muchos se habían reunido, orando y llorando por sus hijos. Sus padres, sorprendidos y muy contentos de verla, la trajeron a su casa y curaron sus heridas.

"Desde que me escape del ataque, me di cuenta de que Dios existía," dice Pogu. "La voz que me decía que salte, pensé, ¡Wow, este es Dios, diciéndome que salte y El sólo quiere lo mejor para mi vida!"

Pero salvar a Pogu del Boko Haram no era el plan final de Dios — El tenía cosas mucho más grandes en mente.

Mientras Pogu se recuperaba, dice que muchas personas vinieron a entrevistarla en su casa sobre lo que realmente sucedió, sobre todo porque ella podía hablar un poquito de inglés.

Sin embargo, aunque ella tuvo éxito en su intento de escape de los militantes, no había escape al temor de que el Boko Haram la encontrara otra vez. Finalmente, ella, Bishara y un número de chicas apeló a la Embajada Americana y se les concedió permiso para ir a los Estados Unidos.

Una vez en los Estados Unidos, las chicas fueron enviadas a la Escuela de la Misión de la Montaña en Grundy, Virginia, a pesar de la Campaña del Jubileo, que promueve los derechos humanos y libertad religiosa de las minorías étnicas y religiosas del mundo. La escuela se describe como "un lugar de santuario y educación para miles de niños desde 1921." Al atender a los niños que provienen de circunstancias difíciles, la escuela parecía como un punto de partida ideal para Pogu y Bishara.

En 2016, Pogu y Bishara fueron trasladadas a la Academia Canyonville en Canyonville, Oregon, para completar su educación secundaria a petición del FBI y la División de Seguridad Nacional por cuestionamientos con respecto a algunos individuos que estaban usando la fama de las niñas para hacer dinero.

La Academia Canyonville es una antigua escuela bíblica de las AD, que luego se convirtió en una escuela secundaria en donde muchos misioneros de las AD enseñaron y adonde sus hijos asistieron. El presidente de la Academia Doug Wead dice que la escuela aceptó a las niñas y les proporcionó un par de becas completas que incluía alojamiento y comida.

No fue sorprendente que el gobierno llamara a la Academia. La Academia tenía un total de siete niñas que habían escapado del Boko Haram y que asistían a la escuela.

"Trajimos tutores y proporcionamos consejeros y sesiones de consejería privada para las chicas," dice Wead. "Las chicas son sobrevivientes en todo el sentido de la palabra. Lydia y Joy necesitaron un montón de tutoría para lograr el objetivo, pero hicieron un buen trabajo — son chicas trabajadoras y aman a Dios."

Después de que las chicas obtuvieran sus diplomas de GED, Wead contactó a la Universidad Southeastern(SEU) en Lakeland, Florida — Wead había enviado a tres de sus hijos a SEU — para ver si estaban interesados en llevar a las niñas a la escuela.

"Cuando fuimos contactados por el Presidente Wead, el Presidente de SEU, Kent Ingle, inmediatamente quiso ser parte del apoyo para las chicas," dice Dana Davis, Funcionaria Superior de Comunicaciones de SEU. "Hemos sido capaces de brindarles becas completas".

Al hacer el cambio del noroeste al sureste en el 2017, Pogu y Bishara tomaron clases electivas en SEU como la mayoría de estudiantes primarios, ajustándose al nuevo entorno y a los retos como lo han hecho siempre.

Según Davis, las chicas hicieron un buen primer año de clases y también obtuvieron trabajos en la universidad. Sin embargo, se podría decir que, visto desde una "perspectiva de la vida", Pogu y Bishara han hecho un poco más que "bien."

Además de asistir a clases, la pareja se ha convertido en portavoces llamando a los países a poner fin a la continua persecución de cristianos. Bishara habló recientemente en el evento de Preocupación Cristiana Internacional (ICC) en Washington, D.C. y en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, mientras que Pogu aceptó una invitación y habló a los líderes de los Vigilantes de los Derechos Humanos en Nueva York. Ambas chicas se reunieron con el Presidente Trump y su hija, Ivanka, en la Casa Blanca y le han comunicado sus preocupaciones a él también. SEU está comenzando un Club ICC en su campus este otoño, esperando que Pogu y Bishara participen.

Pogu también fue seleccionada para ser miembro del Equipo de Liderazgo Estudiantil de SEU empezando este otoño. "Quiero compartir lo que Dios ha hecho en mi vida, compartir ese amor, la palabra de Dios, con otros estudiantes," ella explica. "Quiero ayudarles a entender que no importa cuán mala tu vida es o parece ser, Dios aún está allí para ti".

Sin embargo, el sufrimiento de la pesadilla asociada a sus secuestros todavía atormenta a las jóvenes mujeres. Pogu dice que durante el día, los acontecimientos de aquel tiempo terrorífico no le molestan más. Sin embargo, en la noche y en sus sueños, los alaridos, los gritos, los disparos y el temor de ser capturada otra vez vuelve todo a menudo.

"Pude visitar a mi familia por primera vez [desde 2014] el verano pasado," dice Pogu. "Quería ver a mis padres, pero fue una mala situación — las personas me buscaban y estaba tan asustada. Estaba tan agradecida de poder volver aquí."

"Fue muy peligroso que ellas regresaran", confirma Wead. "Los medios de comunicación las ha hecho famosas en Nigeria... sus caras son muy conocidas, haciéndolas blancos fáciles para el Boko Haram. Pero a pesar de los peligros reales, fueron a visitar a sus familias de todos modos, y por suerte volvieron."

Pero ¿por cuánto tiempo?

"Lydia no tiene ninguna garantía para no ser enviada de regreso a Nigeria," dice Davis, "así que estamos trabajando juntos para recaudar dinero para un abogado que pueda ayudarla a buscar asilo en los Estados Unidos, y para entonces ella querrá convertirse en ciudadana de los Estados Unidos."

Davis dice que los abogados creen que Pogu tiene un caso sólido para que le concedan asilo, y Pogu cree que Dios contestará sus oraciones para protegerla y utilizarla para que haga la diferencia.

"Dios ha hecho mucho por mí — El ha cambiado mi vida, ha convertido lo malo en bueno, y estoy mucho más cerca de El de lo que nunca antes estaba," dice. "Él me sacó del peligro a un lugar donde todos tienen una oportunidad."

Pogu planea continuar en dar lo mejor para influir a que los líderes y gobiernos trabajen juntos para poner fin a la persecución de cristianos. Ella también lo ve como su rol para compartir a Cristo con otros.

"Me duele mucho cuando la gente dice que son ateos, no tienen 'un dios,' o que eran cristianos, pero ya no lo son", dice Pogu. "Cuando yo he pasado por lo que he pasado, ¿cómo puedes cuestionar eso [que Dios es real]? Sólo tienes que tener paciencia y fe en El y que tú estarás bien... porque si aún no crees que El existe, El cuida de ti. "

IMAGEN: Joy Bishara (izquierda) y Lydia Pogu.

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