El rescate, un verdadero milagro, del equipo de fútbol tailandés

El rescate, un verdadero milagro, del equipo de fútbol tailandés

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Cuando un equipo de fútbol tailandés y su entrenador quedaron atrapados dentro de una cueva con aguas inundadas al norte de Tailandia el 23 de junio, no tomó mucho tiempo para que las noticias mundiales se enteraran. Durante los próximos 18 días (23 de junio-11 de julio) de lucha del equipo para sobrevivir, los héroes — tanto frente como detrás del escenario— aparecieron, pero los líderes claves concuerdan, el éxito milagroso de la misión tiene escrita la frase "intervención divina" en ella.

Unos días después de que la selección de fútbol quedara atrapada, al Sargento Maestro Derek Anderson, un veterano de 15 años y rescatista de tácticas especiales de la fuerza aérea de los Estados Unidos con base en Okinawa, Japón, le avisaron que su unidad había sido llamada a apoyar al gobierno de Tailandia en un rol de "asesorar y ayudar" a los esfuerzos de rescate. Él estaba confiado y tenía curiosidad. Como parte de una unidad de élite, él y su unidad habían entrenado y experimentado toda clase de rescates peligrosos, pero los detalles de este desafiante rescate eran desconocidos.

Dentro de ocho horas, la unidad estaba en un avión de transporte militar MC-130J. Llegaron a Chang Rai, Tailandia, a la 1:00 de la mañana el 28 de junio. Para las 2:00 de la madrugada ellos estaban de pie en la boca de Tham Luang, la larga cueva de 6 millas, donde los 12 muchachos y su entrenador de fútbol estaban atrapados en algún lugar.

UN TRASFONDO MISIONERO

Derek, de 33 años, está acostumbrado a los desafíos. El hijo de Tim y Debbie Anderson quienes fueron comisionados a las misiones foráneas de las AD en Ecuador en 1,986, Derek, creció buscando aventura en vez de comodidad, emoción en vez de cosas fáciles. Y con las selvas, montañas, tribus, y animales salvajes del "país ecuatorial" tropical, siempre tuvo fácil acceso a la aventura y la emoción.

El nombre "Derek" significa líder del pueblo, pero él no fue un niño "fácil" para criar, admite su madre con una sonrisa. "Cualquiera fuera el riesgo, él estaba dispuesto a enfrentarlo. Pero siempre ha sido un líder en lo que hace y tiene un don para mirar una situación, tener acceso a ella, y resolver todos los problemas con una velocidad asombrosa."

Su padre, Tim, que también es arriesgado y que hoy en día realiza largas caminatas con regularidad por la selva para evangelizar a las tribus y para establecer y construir iglesias en Ecuador, ve mucho de sí mismo en Derek al ver que la aventura siempre le ha buscado. "Llevaba a los muchachos, Derek y su hermano Felipe, en caminatas de 12 horas en aldeas de la selva para compartir el Evangelio", dice Tim. Ambos hermanos de Derek, Felipe de 31 y Matías de 28, también sirven en la fuerza aérea de los EUA.

ENCUENTRAN AL EQUIPO, COMIENZA EL VERDADERO DESAFÍO

Pero aún con todo el entrenamiento militar y experiencias selváticas, Derek, que era el líder mayor enlistado al equipo de rescate Comando Indo-Pacífico de los Estados Unidos enviado a Tailandia y uno de los planificadores principales de las operaciones de rescate, dice que nunca se enfrentó a un reto como el que tenía al tratar de asesorar y ayudar al Gobierno de Tailandia en el rescate de la selección de fútbol. El equipo estaba atrapado adentro, cuando las lluvias monzónicas inesperadas golpearon e inundaron rápidamente la entrada de la cueva, que también era su única salida conocida.

Antes de Derek y la llegada de su unidad, un par de buzos expertos en cuevas de Gran Bretaña, Rick Stanton y John Volanthen, habían comenzado a explorar la cueva inundada, buscando el equipo. Mientras que Derek ayudaba en el desarrollo de una cadena de mando para ayudar a coordinar y facilitar las posibilidades de rescate, se reunió con los buzos de cueva británicos, quienes empezaron a explicarle los retos extremos que la cueva presentaba incluso encontrar a los chicos y su entrenador, y mucho menos sacarlos hacia fuera.

Después de días de haber colocado líneas a fin de encontrar su camino de ida y de regreso en las turbias aguas de la cueva y pasadizos estrechos, Stanton y Volanthen (a ellos se sumaría su compañero británico Jason Mallinson así como una élite de buzos de cueva de Finlandia, Canadá, Australia, y Dinamarca) finalmente encontraron al equipo de fútbol – 10 días después de que habían desaparecido y casi a dos millas dentro de la cueva, temporalmente seguros, hambrientos, pero por lo demás sanos, sobre una repisa rocosa arriba de las aguas inundadas.

Mallinson admitió más tarde en una entrevista que estaba seguro que sacarían al equipo hacia fuera, pero sacarlos vivos a todos era una historia diferente.

"Al hablar con los buzos de Gran Bretaña, me dijeron que ésta era una de las cinco cuevas más peligrosas en las que habían estado," dice Derek. "El agua estaba fría, fluía rápidamente, y estaba fangosa — visibilidad cero — con huecos profundos y pasajes estrechos. Era una jornada difícil para cualquier persona pero no para los buceadores expertos de cueva. No había manera que los chicos que ni siquiera sabían nadar pudieran bucear hacia fuera... lo consideramos como nuestro último recurso."

Además de los equipos de buceo, habían varios equipos y cientos de investigadores en busca de otros puntos de acceso a la cueva. También, el equipo pesado de perforación de petróleo estaba disponible si podían encontrar un lugar para intentar taladrar un estimado de 400 (en un valle) a 1,500 pies (cerca a la cima de la montaña) para alcanzar al equipo. También empujaron grandes bombas hacia adentro para ayudar a bajar los niveles de agua de la cueva, pero lucharon para nivelarlo.

Sin embargo, cuando los locales identificaron y desviaron los ríos y corrientes para que no fluyan hacia y dentro de la cueva, el nivel del agua comenzó a decrecer. Las bombas fueron capaces de realizar un enorme progreso al reducir los niveles de agua para que entraran mas fácil a la cueva, pero no era suficiente para que el equipo tuviera acceso.

Aunque los chicos estaban a dos millas de profundidad dentro de la cueva, las dos millas completas no estaban bajo el agua. En cambio, explica Derek, había áreas donde los buzos podían cruzar a pie o nadar seguido en buceos de 30 minutos o más que, en algunos lugares, iban abruptamente hacia abajo y luego bruscamente hasta arriba en pasajes estrechos. Después de que los buzos británicos pusieron la línea, los buzos que inmediatamente los siguieron (La fuerza naval tailandesa) tuvieron que agarrar la línea con una mano mientras sentían las rocas puntiagudas o sobresalientes con la otra — la mayoría de las veces, incluso con luces intensas, los buzos sólo podían ver 6 a 12 pulgadas frente a ellos. En condiciones como ésta, perder la pista de la línea que guiaba podía fácilmente costarle la vida a un buzo.

Para el antiguo oficial de la fuerza naval tailandesa, Saman Gunan, las condiciones probaron ser demasiado traicioneras. Al entregar tanques de oxígeno dentro de la cueva para los otros, ya sea que perdió el contacto con la línea o algo salió mal, Saman se quedó sin aire y pereció.

LA ÚNICA OPCIÓN

Pero las labores de rescate tuvieron que continuar si tenían que salvar al equipo de fútbol. Como parte del proceso de comunicación, el equipo dividió la cueva en nueve cámaras para comunicarse mejor y saber dónde estaban los rescatistas y los materiales. Los buzos comenzaron a mover los tanques de aire profundamente en el sistema de cuevas durante una pausa en la lluvia del domingo para ayudar a los buzos expertos así como para preparar la posibilidad de que el equipo bucee hacia fuera.

"Durante una de sus visitas a la cueva, cuando los buceadores británicos y la fuerza naval tailandesa trajeron MREs (comidas listas para comer) para que el equipo coma, nosotros también les enviamos un sensor de oxígeno, que registró 15 a 16 por ciento de oxígeno en ese momento," dice Derek. "Tienes que tener en cuenta que, ademas de un bajo nivel de oxígeno, los muchachos estaban en un área reducida y el hedor de su excremento era muy intenso" como dijo Stanton cuando inicialmente encontró el equipo.

Los cuatro oficiales de la fuerza naval tailandesa se quedaron con el equipo, siendo uno de ellos un médico. Además de trabajar para mantener los ánimos del equipo en alto, también habían traído mantas cálidas y suministros médicos. Mientras tanto, el equipo de rescate de los Estados Unidos junto con otros numerosos voluntarios de rescate y buzos trabajaron para hacer una extracción potencial de buceo tan acertada como sea posible creando sistemas de polea y arnés, reuniendo suministros necesarios y continuando con el "sumergimiento" de tanques de oxígeno donde fuera necesario dentro las cámaras de la cueva.

Por un período de tiempo, ahora que el equipo de fútbol había sido encontrado y tenía comida, los funcionarios estaban considerando dejarlos en la cueva por tres o cuatro meses hasta que pasara la temporada de monzones, luego el equipo simplemente podría salir. Sin embargo, cuando Derek le pidió a su doctor/director médico de campo profesional que consultara con el Departamento de Bomberos de Nueva York y supo que por debajo del 19.5 por ciento del nivel de oxígeno se debía utilizar tanques de aire, se dio cuenta que el tiempo del equipo de fútbol se estaba acabando.

Sin acceso alterno a la cueva encontrada, la opción de perforación ya no se consideraba viable debido a problemas de tiempo y topografía, los niveles de oxígeno potencialmente bajaban aún más, y un nuevo sistema de tormenta hacía que el exitoso rescate de buceo se haga más improbable, el contingente de los Estados Unidos se reunió con los funcionarios tailandeses y los equipos de buceo británico/australiano y desarrollaron un plan. Para que eso funcione, se necesitaban cinco buzos de cueva más expertos y uno de ellos debía ser un anestesiólogo. Sorprendentemente, los buzos británicos conocían dos buzos expertos relativamente cerca a Australia; uno, Craig Challen, quien era un veterinario, y el otro, el Dr. Richard "Harry" Harris, ¡un anestesiólogo!

Derek era miembro de un equipo más pequeño tailandés que se reunió con el general tailandés a cargo para explicarle la situación, su plan, y pedir permiso para intentar el peligroso rescate de buceo que parecía ser la única opción viable, reducida como lo era. El equipo también pidió al gobierno tailandés que se conectara con las autoridades australianas para contactar a los dos buzos australianos ya que necesitan estar allí cuanto antes para que funcione el trabajo.

PREPARANDOSE PARA EL RESCATE

El general llevó la petición al gobernador tailandés quien intensificó la demanda al primer ministro tailandés. Después de revisar todas las opciones, evaluar el riesgo y la probabilidad de un exitoso esfuerzo de rescate, el primer ministro dio la luz verde a la mejor solución del equipo que todavía conllevaba un gran riesgo para los niños y rescatistas. Otras opciones de rescate ponían la supervivencia de los niños a un nivel aún más bajo.

Mientras los buzos continuaban llevando oxígeno y equipo adicional hacia las posiciones estratégicas dentro del sistema de la cueva, todos los que participaban dentro de la cueva para un intento de rescate comenzaron a ensayar el intento afuera de la cueva con el fin de manejar algunos problemas y resolver cualquier pregunta.

Cuando el Dr. Harris fue al encuentro de los niños para prepararlos para lo que estaba por venir, el equipo de rescate repitió el ensayo al día siguiente en una piscina local, usando niños voluntarios con la aprobación paternal y que tuvieran el mismo tamaño de los futbolistas atrapados, y realizaron un ensayo completamente equipado dentro y debajo del agua.

Lo que es notable en el intento de rescate fue que si sólo uno de las muchas cosas que podían salir mal salía mal, la gente iba a morir. No había lugar para algún error e incluso lo inesperado. Sin embargo, milagrosamente, las personas adecuadas, el tiempo adecuado y el equipo adecuado siguió encajando en el lugar apropiado y en el momento adecuado.

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COMIENZA EL INTENTO

Los buzos de cueva británicos explicaron que era imperativo que los muchachos fueran sedados por Harris — si los muchachos estaban alertas y tenían pánico debajo del agua, lo que podría fácilmente suceder en las turbias, oscuras profundidades de la cueva inundada, probablemente se ahogarían y potencialmente se llevarían a un buzo con ellos. Otras cosas que podían salir mal incluía el mal funcionamiento de la máscara de aire de "presión positiva" en el rostro completo de algún muchacho o ser golpeados por una roca despuntada al ser sedados, una enfermedad (muchacho o buceador), la caída de una bomba, la lluvia que llega más pronto de lo esperado, el rompimiento de la línea, la falla de las lámparas, el mal funcionamiento de los tanques de aire, una dosis mayor de sedación o la reacción alérgica de un niño, la cuerda elástica que hacía que los brazos y piernas de los muchachos no se movieran podían libremente engancharse o romperse, el sistema de polea utilizado para el transporte de los chicos sobre porciones secas y difíciles de la cueva que no estaban bajo el agua podía fallar, la sedación no sería lo suficiente y un niño desorientado podría despertarse y empezar a luchar, un buzo podría lesionarse a sí mismo en una roca despuntada al tratar de proteger al niño que está siendo rescatando, y la lista continúa.

Cada niño estaba respirando 80 por ciento de oxígeno y generalmente había un buzo por niño. Los buzos tomaban turnos sosteniendo a un niño con una mano y la línea con la otra. Los buzos rescatistas previamente colocados en la cueva actuaron como un sistema de seguridad en caso de que se presentaran problemas en el momento en que los buzos con los niños sedados volvían a través de los complicados pasajes inundados de la cueva.

"Después de que cada buceador junto con el muchacho que transportaba, subía a la tercera cámara," Derek dice, «había personal médico o personal de pararescate esperando comprobar los signos vitales de cada niño y asegurándose de que todo estaba bien antes de continuar.»

A pesar de todas las posibilidades de fracaso, el primer día fue un éxito total y sorprendente que nadie en el equipo de buceo completamente esperaba. El equipo de buceo dio un breve informe, hizo unos ajustes y luego fue por el segundo grupo de cuatro chicos.

"Estábamos teniendo tan increible éxito, que empece a preocuparme por la complacencia," recuerda Derek. "Conversamos entre los buceadores sobre el potencial real de que algunos de los muchachos no saldrían vivos y cómo teníamos que alejarnos de la emoción y actuar como profesionales — todavía teníamos vidas que dependían de nosotros."

Los dos rescates sucedieron tan perfectamente como el primero... , pero para ilustrar cuán cercano estábamos al fracaso, tan pronto como el transporte y los últimos cuatro muchachos llegaron a la boca de la cueva, y con dos de los cuatro oficiales de la fuerza naval tailandesa aun buceando bajo el agua y volviendo desde donde fueron descubiertos en la cámara nueve, una bomba de agua interior falló y las cámaras dos y tres de la cueva rápidamente comenzaron a inundarse. El personal en esas cámaras fueron ordenados a evacuar inmediatamente, mientras que un puñado de rescatistas esperaba recibir a los últimos oficiales tailandeses.

Cuando el ultimo oficial salio, él y los demás miembros del equipo internacional de rescate, algunos con aparatos de respiración sub-acuática y otros sin ellos (debido a la cámara previamente seca, pero ahora rápidamente inundada), tuvieron que lidiar con una inmersión subterránea que se llenó rápidamente hasta convertirse en una total inmersión subterránea sumergida desde la cámara tres a la cámara dos antes de llegar finalmente a la boca de la cueva y a los cientos que esperaban ansiosamente su llegada. Con solo segundos de sobra, los rescatistas restantes evitaron una catástrofe en los minutos finales del rescate al deslizarse fuera del compartimiento tres y saliendo con seguridad afuera de la boca de la cueva.

"Un día más de intensas lluvias y los niños restantes y el entrenador se habrían quedado atrapados allí por meses," dijo Derek. "La muerte habría sido casi segura".

DIOS RECIBE EL CRÉDITO

Mientras el mundo celebraba a la fuerza naval tailandesa por su heroica capacidad para dirigir y montar un esfuerzo internacional de rescate para salvar al equipo y a su entrenador, un pequeño grupo de rescatistas, como Derek y otro puñado de buzos norteamericanos, australianos, y británicos, acordaron que este no se trataba de ningún rescate ordinario.

"Todo el mundo estaba orando por el rescate del equipo", dice Derek. "Todos sentimos que tenía que haber una intervención sobrenatural para lograr este resultado. Para mí, absolutamente sé que hubo intervención divina, que Dios nos permitió a cada uno actuar en lo más alto de nuestras capacidades, y que él no enviara las lluvias. La situación pudo haber terminado drásticamente peor, pero no lo hizo".

El capellán y coronel retirado del ejército Scott McChrystal, el representante militar y endosante de las Asambleas de Dios, dice, "Los desafíos que enfrentó la fuerza naval tailandesa, Derek, sus compañeros y otras personas involucradas en los esfuerzos de rescate no pueden ser exagerados. El trabajo en equipo fue casi perfecto. Pero al terminar el día, está claro, que Dios hizo la diferencia entre el éxito y el fracaso. Dios espera que hagamos nuestro mejor esfuerzo. Él hace el resto".

En Ecuador, Debbie era consciente de los esfuerzos de su hijo, pero Tim había estado en un viaje de dos semanas en la selva y sólo sabía que habían llamado a Derek y su equipo. Cuando se enteró del éxito de la misión y los obstáculos superados, él estuvo de acuerdo con Derek. "Estoy simplemente asombrado de la mano de Dios en todo," dice. "Sin el Señor, podría haber sido muy, pero muy mal."

Cabe señalar que las operaciones especiales de los Estados Unidos, los aviadores de pararescate han sido entrenados, han sido testigos y han vivido experiencias que van más allá de los límites de la resistencia normal física y mental. La escuela donde asisten sólo para iniciar el entrenamiento se le conoce como "La escuela de Superman" entre los militares (es tan difícil), la cual es seguida por siete escuelas adicionales de formación que pocos podrían incluso soñar con pasar. No es exagerado cuando se les llama entre las mejores de lo mejor del mundo y tienen una mentalidad que pueden lograr cualquier cosa que les pide.

Sin embargo para Derek y otros que están entre los mejores del mundo con sus habilidades médicas, de rescate y buceo, la razón para el increíble éxito del rescate tiene sólo una respuesta.

Derek lo explica sencillamente: "Dios tuvo su mano en esta operación".

*Nota del editor: Para ver un informe de la televisión, que el Sargento Maestro Derek Anderson, jefe mayor enlistado para el equipo de búsqueda y rescate en la cueva tailandesa del Comando Indo-Pacífico de los Estados Unidos, cree que es el más preciso informe de televisión sobre el rescate hasta la fecha, véase el informe de 4 Esquinas, Fuera de la oscuridad. Un informe posterior realizado por ABC 20/20, Un camino hacia afuera, en julio fue calificada como similarmente precisa.

Fotos por el capitán de la fuerza aérea de Estados Unidos. Jessica Tait

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