Liberación de la atracción por el mismo sexo

Liberación de la atracción por el mismo sexo

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Durante sus primeros años de vida, que transcurrieron en Ohio, Sarah Mourer guardó un secreto que se negó a confiar a nadie: se sentía como un varón atrapado en el cuerpo equivocado. 

Aunque esos sentimientos terminaron disipándose, la sensación de confusión con respecto al sexo y la se ser alguien diferente no se disiparon.

"Sentía que me sucedía algo terriblemente malo", dice Sarah.

En la superficie, Sarah Mourer parecía tener el control de todo en su vida; todas sus notas en la escuela eran de sobresaliente, y terminó el año en el primer lugar de su clase. En la iglesia de las Asambleas de Dios a la que asistían ella y su familia, nadie tenía ni la más mínima idea de que aquella jovencita que había participado durante tres años en el Junior Bible Quiz y también en el grupo de jóvenes, tuviera serios problemas.

Ya desde sus años en la escuela primaria, Sarah batalló con pensamientos de suicidio. En la escuela secundaria se iba de ronda a beber con unos amigos. Cuando comenzó cortarse a principios de la universidad, sus amigas la convencieron para que buscara un tratamiento médico.

En su consejería, un psiquiatra le recetó antidepresivos. Sin embargo, Sarah no revelaba los sentimientos homosexuales que motivaban sus luchas. Sus padres, Duane y Marla Mourer, nunca sospecharon que hubiera algo equivocado.

A pesar de sus impulsos hacia su mismo sexo, Sarah no los convirtió en actos hasta comenzar la universidad… con una amiga que asistía a la misma iglesia. Vivía en dos mundos, dirigiendo un estudio bíblico para damas, y envuelta al mismo tiempo en una relación lesbiana.

Pocos días después de su graduación, Sarah Mourer, que ya para entonces había desarrollado una dependencia hacia las drogas, compró una casa con otra mujer en el Noroeste de la región del Pacífico. Como maestra de biología a tiempo entero en una escuela pública, se convirtió en la consejera de la facultad para la Gay Straight Alliance, un grupo de apoyo para estudiantes lesbianas, homosexuales, bisexuales y transgéneres.

"Ya estaba cansada de callármelo", dice Sarah. "Así que lo dije en alto y con orgullo".

Los padres de Sarah no aprobaron el estilo de vida que su hija les reveló. Al principio, Marla trató de predicarle, pero su intento no tuvo efecto alguno.

"Yo pensaba que así había nacido, así que no había argumento alguno al que le quisiera hacer caso", recuerda Sarah.

"Nosotros nos dimos cuenta de que no la íbamos a cambiar; solo Dios lo podría hacer", dice Duane. "Así que pusimos a Sarah en sus manos."

Marla puso una foto de Sarah en su Biblia, y todos los días oraba sobre su hija con diversos pasajes de la Biblia. Decidió mantener abiertas las líneas de comunicación con ella, enviándole periódicamente cosas horneadas para ella… y para su compañera. Duane y Marla también pidieron el apoyo de un grupo muy unido de amigos cercanos.

Sin embargo, Sarah se comprometió con su amiga, y las dos comenzaron a planificar juntas su futuro. La amiga le compró un vestido de novia. También la pareja reservó un lugar y contrató a un fotógrafo. Hablaron de tener hijos por medio de la inseminación artificial. Sarah le pidió a su padre que la llevara por el pasillo y la entregara en la ceremonia que celebrarían pronto.

Duane sabía que, como diácono de la Asamblea de Dios Victory de Newcomerstown, Ohio, él no podía bendecir las ceremonias nupciales de lesbianas con su asistencia. Marla y las dos hermanas mayores de Sarah, Michel Williams y Lisa Mason, tampoco aceptaron la invitación. Sarah se sintió aplastada, sobre todo porque la familia de su prometida no veía problema alguno en su relación.

Los padres de Sarah Mourer la visitaron en marzo de 2012, cinco meses antes de la fecha fijada para la unión.

"No llevábamos agenda alguna", dice Marla. "Solo queríamos que ella supiera que la amábamos, pasara lo que pasara. Eso no iba a cambiar, cualesquiera que fueran sus decisiones."

Sarah hizo que sus padres se sentaran a ver un documental que llegaba a la conclusión de que la Biblia en realidad no condena la homosexualidad. Marla, que no se sintió convencida, le recomendó a Sarah que le preguntara a Jesús cuál era su punto de vista acerca del matrimonio entre homosexuales.

Aquella noche, en su habitación, y en ausencia de su compañera, Sarah le pidió a Dios que se le manifestara si Él era real. Cuando vio que no sucedía nada después de unos cuantos segundos, dijo en voz alta: "Muy bien, pues no creo que tú existas". Inmediatamente después que ella dijo eso, dice Sarah que apareció un demonio rojo, grande y musculoso al pie de su cama. Aunque el espíritu maligno no habló, dice Sarah que se rió de manera escalofriante.

Sarah comenzó a gritar, como si alguien estuviera a punto de matarla. Aunque su primer impulso fue correr hasta la habitación contigua para rescatar a su hija, Duane y Marla, sabiendo que no había nadie más en la casa, decidieron quedarse quietos. Duane reconoció los sonidos de su hija en medio de la agonía de una batalla espiritual.

Mientras tanto, Sarah se quedó ronca de tanto chillar; sentía que todo el cuarto se volvía rojo, y que aquel demonio le hacía presión en el pecho. Se sintió más aterrada aún, y se cayó de cara en el suelo, clamando a Jesús para que la salvara.

Aunque había asistido a la iglesia desde que era niña hasta que había comenzado la universidad, Sarah no había captado hasta esa noche que carecía de una relación salvadora con Jesús. Cuando detectó que el demonio salía huyendo, se fue a la habitación donde se estaban quedando sus padres. Sarah dice que oyó a Dios hablar muy claramente en su cabeza, y responderle unas preguntas importantes.

Sarah dice que Dios le explicó que su atracción por su mismo sexo comenzó con una semilla sembrada a los cinco años de edad, cuando ella y una compañera de juegos habían actuado entre sí de una manera inadecuada.

"Aquello les sirvió de fundamento a las mentiras que llegaron más tarde", dice Sarah. Dice también que Dios le siguió hablando durante varios minutos, haciéndole unas revelaciones que ella en realidad no quería escuchar. 

"Entendí que si seguía por ese camino, iba a morir", dice Sarah. "Sabía que tenía que tomar una decisión, y que necesitaba cambiar. No sentí alegría alguna por mi conversión. Estaba enojada con Dios por haberme arruinado la vida."

Sin embargo, Dios respondió las oraciones que habían hecho Duane, Marla y sus amigos intercesores durante ocho años. De hecho, aquella noche Marla recibió el bautismo en el Espíritu Santo. Durante más de una década, había estado buscando una y otra vez el don de lenguas.

"Yo estaba tan desesperada pidiendo a Dios que interviniera, porque aquello era más de lo que yo podía soportar", dice Marla. "Las lenguas comenzaron a fluir desde mi interior. Así me pude olvidar de mí misma."

Sarah entendió que necesitaba decirle a su prometida que debían cancelar la boda y acabar sus relaciones sexuales. Al principio, la compañera de Sarah le reprochó haber destrozado la vida de las dos. Pero Sarah dice que Dios las libró a ella y a su compañera de la lujuria hacia el mismo sexo. Su antigua compañera está actualmente casada con un hombre.

En julio de 2013, Sarah se mudó de nuevo a Ohio. Ya no sale con otros a beber, ni tampoco tiene que tomar medicinas para la depresión. Tiene treinta y tres años, es maestra de secundaria a tiempo entero y asiste a la Asamblea Victory con sus padres y sus hermanas.

El Pastor Brent F. Heishman ha conocido bien a Sarah desde que se mudó a Ohio hace dos años. Durante una docena de años antes, la había visto ocasionalmente, cuando ella visitaba a su familia de vez en cuando.

"Se ha producido una enorme transformación", dice Heishman. "Corre hacia Dios con todo su corazón. Y tiene un llamado a la obra misionera".

Heishman y su esposa Lisa han sido mentores de Sarah, que sirve en el equipo de líderes de su pequeña iglesia rural. En los dos años pasados, Heishman afirma que las oraciones de los asistentes a la Asamblea Victory han llevado a la sanidad física de personas de la iglesia y de la comunidad prácticamente todas las semanas.

Según Heishman, Sarah ha encontrado su lugar en orar eficazmente por los jóvenes que están pasando por circunstancias similares a las que ella experimentó.

"Dios la está usando cada vez más para dar aliento a las familias que tienen hijos o hijas que luchan con su identidad sexual", dice Heishman. "Ella es positiva y nada amenazadora al hacerlo. No destruye puentes, condena o aísla a la comunidad de homosexuales y lesbianas". 

Sarah dice que ahora siente atracción por los hombres, y cree firmemente que la liberación de la atracción hacia el mismo sexo se halla a nuestro alcance.

"Yo no soy un prototipo de esto", dice Sarah. "Todo el tiempo hay quienes reciben liberación. Las historias de los demás no se parecen a la mía, pero los padres que sufren porque sus hijos necesitan esperanza."

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