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Ministerio de cuidado como para el Señor

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Cuidado: Ministerio "como para el Señor"

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"¡Pero el huevo está boca abajo en mi plato!"

"¿Podrías ponerlo en el microondas por 22 segundos?"

"¡Yo iría ir a agarrarlo, pero TU no me dejas conducir!" (No importaba que estaba en altos niveles de analgésicos y sería arrestado por DUI si tratara de conducir.)

Comentarios como estos eran comunes en los últimos años que cuide a mi marido incapacitado. No era porque él trataba de ser difícil. En algunos casos, era porque estas eran cosas que le daban un sentido de control. En otros casos, era debido a la frustración de estar en casa todo el día y ser incapaz de hacer lo que él quería hacer.

Habíamos sido una pareja muy activa, sirviendo juntos en el ministerio de niños en nuestra iglesia, dirigiendo un club bíblico semanal para niños en nuestra casa, criando a dos hijos muy activos, sirviendo en el campamento de niños y campamento juvenil, y en cualquier otra cosa que pudiéramos sumar a nuestros horarios. Pero después de algunas complicaciones quirúrgicas y severas en el corazón y la diabetes, Tim no pudo seguir activo. A medida que su salud se deterioraba, estaba confinado principalmente a su sillón reclinable en casa. Una visita al médico o a la iglesia se convirtió en un considerable proyecto.

Aunque pensaba que entendía su frustración, era fácil centrarse en las limitaciones que ahora recaía sobre mí. Mi vida se convirtió en un ciclo de preparación y administración de medicamentos, planeando alimentos que pudieran estar listos para que él comiera cuando yo estaba en el trabajo, ir a trabajar (después de todo, necesitábamos dinero y seguro médico), luego volver a casa y hacerlo todo de nuevo. En poco tiempo, lástima comenzó a aflorar. Sentía que había sido marginada del ministerio, a pesar de que Dios me había llamado muchos años antes.

Una nueva definición de ministerio
A medida que pasaba por mi ciclo diario, a veces murmuré a mi mismo y a Dios sobre mi frustración. Fue durante una de estas sesiones de lástima donde Dios me ayudó a entender que todavía estaba activa en el ministerio, pero mi ministerio simplemente había cambiado. Tenía una perspectiva totalmente nueva en mi rutina diaria. Cuidar al hombre que yo había prometido amar y apreciar tanto en la enfermedad como en la salud se convirtió en mi nuevo ministerio. Cuando empecé a reconocer esto, mi gozo volvió, y esperaba con ansias esas tardes de lectura, ver la televisión, y ministrar a mi marido. Claro, hubo días de frustración para ambos, pero Dios me estaba enseñando a seguir su plan aún cuando no era el plan que yo había escogido.

Es fácil definir el ministerio como la función pública de enseñar, predicar y servir a las personas fuera de nuestro propio hogar. Pero a veces Dios llama a su pueblo a servir a un individuo. Esa persona puede ser un padre envejecido, un cónyuge incapacitado o un niño enfermo. Esas temporadas de ministerio pueden ser cortas o largas, y pueden terminar con el ascenso de esa persona al cielo, con sanidad en la tierra, o con alguien más asumiendo dicha responsabilidad. No importa cuánto dure la temporada de cuidados, siempre es importante y se puede usar para enseñar la humildad, bondad, satisfacción y el verdadero significado del amor.

Al crecer en este recién definido ministerio de cuidadora, las palabras de Pablo en Colosenses 3:23 se volvieron muy reales para mí, "Hagan lo que hagan, trabajen de buena gana, como para el Señor, y no como para los hombres." Cuando me di cuenta de que, al servir a mi esposo, estaba sirviendo a Dios, la lástima y la frustración se desvanecieron, y me sentí contenta de este nuevo papel que Dios había escogido para mí. Ya no sentía que había puesto mi ministerio en espera; en cambio, simplemente había pasado a un nuevo ministerio.

Otra transición
Después de casi diez años de ministrar principalmente como cuidadora, Dios eligió cambiar mi ministerio otra vez cuando se llevó a Tim y le quitó todo dolor y limitaciones con las que había vivido por tanto tiempo. En un día frío de febrero, sostuve su mano mientras un pastor amigo y nuestro hijo oraban con nosotros. Durante esa oración, Tim silenciosamente dejó de respirar y entró en el cielo. Ahora, ya no sólo estaba sin mi compañero en vida, pero otra vez sin ministerio.

Pero Dios siempre da esperanza y dirección. Cuando Moisés estaba a punto de dejar a los hijos de Israel y Josué estaba a punto de convertirse en su nuevo líder, Dios le dijo: "Sé fuerte y valiente. No tengas miedo ni sientas pánico frente a ellos,porque el Señor tu DIOS, El mismo irá delante de ti. No te dejaré ni te abandonaré (Deuteronomio 31:6). Del mismo modo, cuando Jesús estaba a punto de ir donde estaba su padre, él prometió a sus discípulos: "Ciertamente yo estaré con vosotros siempre, hasta el fin de los tiempos," (Mateo 28:20).

Durante los próximos meses, esas promesas se volvieron cada vez más reales para mí. Cuando llegué a casa y me pregunté qué se suponía que debía hacer, ahora que no había nadie para quién cocinar, nadie para preparar medicinas, y nadie con quien hablar, aprendí a pasar más tiempo con Jesús, disfrutando de su presencia y buscando lo que El me haría hacer. Eventualmente, encontré una "nueva normalidad." Fui capaz de alabarlo en mi casa vacía. Me volví cada día más consciente de su presencia y aprendí a escuchar su voz y a adorar y a descansar en El. Las palabras del salmista en Salmos 68:4-5 eran reales, incluso en los días más oscuros. "Canten alabanzas a Dios y a su nombre, canten alabanzas en voz alta al que cabalga sobre las nubes; alégrense en su presencia — su nombre es el Señor. Padre del huérfano, defensor de las viudas, este es Dios y su morada es santa."

Encontrando un nuevo propósito
En pocos meses, me encontraba en el "ministerio accidental" para ayudar a otros que habían sufrido pérdidas similares. Una vecina en la misma calle había perdido a su marido, y pasé tiempo hablando con ella y ayudándola a encontrar su "nueva normalidad." Durante los últimos 8 años desde esa fría mañana de febrero, muchos otros que cuidaron a sus cónyuges durante largas enfermedades necesitaban una palabra de aliento, y Dios ha abierto la puerta para hablar esa palabra. Dios ha traído a otras mujeres a mi vida que han perdido a sus esposos y solamente necesitaban una amiga. Este nuevo ministerio no esta establecido de ninguna manera; más bien, es un "ministerio de amistad."

Abraza tu ministerio
Tal vez estás en una temporada de ministerio que no elegiste. ¿Te ves anhelando esos días en que estabas predicando, enseñando o cantando en la iglesia, y ahora te encuentras en casa arreglando la cama y administrando medicamentos? Dale un vistazo prolongado a la persona que Dios te ha llamado a cuidar. Tal vez está siendo difícil porque los huevos están boca abajo en su plato o porque él no puede ir a la tienda solo. Él es tu ministerio en este momento. Busca las cosas por las que puedes estar agradecido. Acepta el tiempo que tienes y busca las lecciones que Dios te está enseñando para que puedas usarlas más adelante. Se consciente de la presencia de Dios en tus días. Siempre está ahí.

Si estás más allá de esa etapa y te preguntas cuál es el siguiente paso, busca a otros que puedas ayudar compartiendo tus experiencias o simplemente estar presente con ellos. A medida que encuentres tu "nueva normalidad" y permanezcas abierto a las oportunidades que Dios te presenta, tu ministerio volverá a florecer. Después de todo, el ministerio viene de adentro, y todo lo que hagas "como para al Señor" es ministerio.

Nota del editor: Este artículo apareció por primera vez en la Iglesia de Dios Evangelio.

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