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Respondiendo al mundo de hoy

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Respondiendo al mundo de hoy

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Si somos honestos, vivimos en un mundo de locura. Todos los días, cuando sintonizas las noticias o navegas por tu teléfono, se te incita a responder a las cosas que hace el mundo.

Pero debería haber una diferencia notable en un seguidor de Jesucristo, cuando se pone al lado de la persona promedio en el mundo de hoy. Esto debería ser evidente en la forma en cómo hablamos, la actitud que tenemos hacia los demás, e incluso en la forma en que twiteamos.

Algunas personas dejan que su ira y sus opiniones se enfurezcan libremente.

“Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable.”(1 Pedro 2:9, RV1960).

Nuestra vida debe ser definida por la luz y por la bondad de Dios.

Somos un pueblo bajo la gracia, y esa gracia reformará y transformará cada parte de nuestras vidas si lo permitimos. La gracia nos enseña a tener acceso al corazón de Dios para este mundo cansado, roto y perdido.

La definición misma de una vida llena del Espíritu es una que está vacía en sí misma — las respuestas naturales y carnales — a fin de dejar espacio para que más del Espíritu de Dios viva en nosotros y a través de nosotros.

“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.” (Gálatas 2:20, RV1960).

Sometemos cada parte de nuestras vidas, e incluso cómo respondemos a la avalancha de noticias negativas que fluyen del mundo que nos rodea, al señorío y liderazgo de Jesucristo.

LLENO DEL ESPÍRITU
Dios no nos llenará con su Espíritu Santo si ya estamos llenos de nosotros mismos. Necesitamos hacer espacio para que Él nos llene, dejando a un lado nuestras opiniones y actitudes, y luego rendiéndonos a su mente.

¿Qué necesita Dios para cambiar el mundo en cualquier generación? No necesita personas con gran talento, riqueza, o fama. Dios simplemente busca personas dispuestas, llenas de fe, y del Espíritu Santo.

Cuando leo Hechos 6, veo que siempre que hay una necesidad en la iglesia o en el mundo, Dios no exige nuevas estrategias o sistemas. En cambio, él llama principalmente a las personas. Dios todavía está buscando personas llenas de fe y del Espíritu Santo.

Cuando los apóstoles eligieron a siete nuevos líderes para ayudar con la distribución de alimentos, los seleccionados ya estaban "llenos del Espíritu y de sabiduría." El liderazgo no era un requerimiento para que Dios ungiera a su pueblo para el servicio. La mano de Dios ya estaba sobre ellos antes de que se pensara que eran líderes. Y esto es lo que más necesitamos: personas que buscan al Señor, personas cuyo deseo es conocer más a Jesús. Aquellos que conocen las actividades pasajeras y las modas del mundo no se pueden comparar con lo que es conocer más a Jesús. Necesitamos más creyentes en todas las partes de la sociedad que estén sometidos al señorío y al liderazgo de Jesucristo. Dios busca a aquellos que se han vaciado a sí mismos y anhelan que Él los llene de su Espíritu, para que puedan ser personas "llenas de fe y del Espíritu Santo" en sus trabajos normales y en sus vidas normales.

Cuando las siete personas “llenas de fe y del Espíritu Santo” fueron elegidas y ubicadas en áreas de responsabilidad, la Escritura nos dice: “Y crecía la palabra del Señor, y el número de los discípulos se multiplicaba grandemente en Jerusalén...” (Hechos 6: 7).

Cuando nos sometemos al señorío y liderazgo de Jesús, y aspiramos a ser personas llenas de fe y del Espíritu Santo, el resultado natural es que la Palabra de Dios se extiende y el mundo cambia.

EL FRUTO DEL ESPÍRITU
Una persona que sigue a Jesús y vive una vida llena del Espíritu debe definirse por el fruto del Espíritu exhibido en su vida, conversaciones cotidianas y publicaciones en las redes sociales. Necesitamos estar llenos de amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza (Gálatas 5:22, 23). No estamos llamados a ser simplemente personas llenas de verdad, sino personas llenas de amor y el resto del fruto del Espíritu. Ese es el resultado natural de una vida verdaderamente llena del Espíritu. Si no vemos el fruto, necesitamos revisar la raíz y ver si realmente estamos viviendo una vida llena del Espíritu.

Este amor, gozo y paz en nuestras vidas nos hace lucir diferentes a un mundo que tiene todas las razones para no querer amar, tener gozo o paz. En realidad, es el fruto del Espíritu y el amor tangible que mostramos que atrae al mundo hacia nosotros — y hace que las personas quieran lo que tenemos.

Si queremos cambiar el mundo de hoy, debemos comenzar a enfocarnos en ser personas llenas de fe y del Espíritu Santo de una manera que se muestre naturalmente en nuestras conversaciones, amistades y publicaciones en las redes sociales. En contraste con las respuestas mundanas que nos rodean, dejemos que nuestras acciones muestren el fruto del Espíritu en nuestras vidas.

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