Reflexiones del Día Memorial

Visité la tumba de papá hace unas semanas, pensando en la herencia que le había dado a su familia y en las realidades de su vida y muerte. Papá se fue hace 14 años. Unos meses antes de su muerte, fui hospitalizado. Los médicos extirparon un tumor maligno y mi riñón derecho. Me he recuperado y tengo buena salud. Pero tres meses después, sin estar realmente enfermo, papá murió.
La muerte es algo con lo que los vivos tienen que lidiar. Enfrentamos nuestra propia mortandad y la pérdida de aquellos a quienes amamos. Momentos especiales como el Día Memorial nos ayudan a recordar a los que han muerto y contemplar nuevamente la brevedad de la vida. Quizás usted y su familia enfrentan preguntas tales como: ¿Cómo podemos recibir el consuelo de Dios? ¿Por qué algunos sufren una muerte en vida con enfermedades como el Alzheimer? ¿Cómo podemos ayudar a nuestros hijos a enfrentar la dura realidad de la muerte?
Debido a que hay tantos imponderables sobre la muerte, tendemos a evitar hablar de ello. Lo desconocido nos aterroriza. Pero cuando lo analizamos, no tememos tanto a la muerte como a lo que viene después de la muerte. Nuestra única fuente verdadera de información sobre eso está en las Escrituras: "Está establecido para los hombres que mueran una vez y después de esto el juicio." (Hebreos 9:27). El juicio sigue a la muerte, tan seguramente como la noche sigue al día. Romanos 6:23 ofrece un rayo de esperanza: "Pero el don de Dios es la vida eterna a través de Jesucristo nuestro Señor." Dios ha hecho posible que se emita un veredicto favorable en su caso. Él envió a su Hijo Jesús a morir por tus pecados y los pecados del mundo. Al creer en Él y aceptarlo como su Salvador, tú puedes enfrentar el juicio sabiendo que tus pecados han sido perdonados y que estás listo para ir el cielo.
Todavía nos enfrentamos a la realidad de la muerte. Sin embargo, incluso aquí tenemos una esperanza fantástica: Una generación de cristianos no morirá. El apóstol Pablo escribió: “He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados...entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?" (1 Corintios 15: 51-55, RV1960).
1 Tesalonicenses 4:17 explica cómo los muertos en Cristo resucitarán primero. Pablo nos aseguró: "Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor."
Con ese tipo de futuro por delante, no tenemos que temer a la muerte ni a lo que venga. De hecho, el Salvador prometió: “Voy pues a preparar un lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.” (Juan 14: 2,3).
Entonces vivimos la vida al máximo, disfrutando de la creación que Dios ha puesto aquí para nosotros, viviendo como sus mayordomos, y sabiendo que si vivimos o morimos, estaremos con Él eternamente.
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