Lo que Pablo realmente enseñó sobre las mujeres en el ministerio
Pablo elogió repetidamente a las mujeres en el ministerio, poniéndolas como ejemplo para que otros siguieran. Primera Timoteo 2:11–12 se entiende mejor no como una contradicción de esa postura, sino como una situación única que requiere contexto.
Mi esposa, Rosemarie, y yo ministramos juntos en IES Bandung, una iglesia internacional de las Asambleas de Dios en Indonesia. Yo soy el pastor docente, pero Rosemarie es la pastora principal.Crecimos en una tradición eclesiástica que prohibía a las mujeres liderar el ministerio. Al igual que yo, Rosemarie desde niña sintió el llamado de Dios al ministerio global. Sin embargo, mientras que a mí me animaban en mi vocación, Rosemarie aprendió desde muy temprana edad que sus posibilidades de servir al reino de Dios serían limitadas. Ella podía ser la esposa de un pastor, pero no una pastora.
Hasta el día de hoy, los prejuicios culturales crean expectativas en los demás sobre nuestras funciones en el ministerio. Los recién llegados a nuestra congregación suponen que soy el pastor principal y se refieren a Rosemarie como «la esposa del pastor».
Lamentablemente, la mala interpretación de la posición del apóstol Pablo sobre las mujeres en el ministerio impide que muchas puedan cumplir el llamado de Dios, y priva a la Iglesia de sus dones.
Un pasaje clave de este debate es 1 Timoteo 2:8–15. Al escribir a su joven discípulo en Éfeso, el apóstol Pablo parece indicar que las mujeres cristianas deben callarse y someterse al liderazgo del varón. Pero, ¿es eso realmente lo que Pablo quería enseñar?
EL MUNDO DE ÉFESO
Para comprender este pasaje bíblico es necesario examinar la situación original, el contexto y los personajes.
La actitud de Pablo hacia las mujeres de otros lugares en el ministerio debería servirnos de base para interpretar sus recomendaciones a Timoteo.
Romanos 16 es especialmente instructiva. En sus saludos personales, Pablo elogió el ministerio de varias mujeres, entre ellas Febe, diaconisa en Cencrea (versículos 1–2); Priscila, que dirigía una iglesia doméstica junto a su marido, Aquila (versículos 3–5); María, trabajadora (versículo 6); Junias, una apóstol (versículo 7); y Trifena, Trifosa y Persis, que han trabajado arduamente en el Señor (versículo 12).
De hecho, Pablo nombró y elogió a más líderes eclesiásticos femeninos que hombres en Romanos 16.
Si Pablo elogió a las ministras, debe haber más detrás de su aparente prohibición de que las mujeres lideren en 1 Timoteo. De lo contrario, la enseñanza de Pablo sobre el tema sería incoherente e inconsistente.
Timoteo, cuya ascendencia era tanto judía como griega, se unió a la obra de Pablo y Silas en Hechos 16.
Tras colocar a Timoteo en un puesto de liderazgo en Éfeso, Pablo lo instó a corregir la doctrina falsa en esa iglesia (1 Timoteo 1:3–4). Al leer 1 Timoteo, es importante recordar que esta era la principal preocupación de Pablo.
Aquila y Priscila formaban parte del equipo ministerial de Pablo en Éfeso y Corinto (Hechos 18:18–19). Al introducirlos en Hechos 18:2, Lucas nombró primero a Aquila, en consonancia con la convención cultural. Después, tanto Lucas como Pablo dieron a Priscila el lugar de prominencia en todos los casos salvo uno (1 Corintios 16:19), lo que sugiere que desempeñó un papel ministerial más influyente (Hechos 18:18–19,26; Romanos 16:3; 2 Timoteo 4:19).
En Éfeso, un judío alejandrino llamado Apolos se encontró con esta pareja. Apolos ya tenía un ministerio poderoso como predicador elocuente, pero su comprensión del evangelio de Jesús no era completa (Hechos 18:24–25).
El versículo 26, NVI, dice: «Al oírlo Priscila y Aquilas, lo tomaron a su cargo y le explicaron con mayor precisión el camino de Dios».
No solo Priscilla formaba parte de este entrenamiento, sino que probablemente tomaba la iniciativa. Enseñaba y corregía a un hombre sin censura. Apolos continuó su ministerio efectivo en Corinto (Hechos 18:27–19:1; 1 Corintios 1:12; 3:4–6,22).
Mientras tanto, Pablo regresó a Éfeso, donde introdujo a los creyentes en el bautismo en agua en el nombre de Jesús y el bautismo en el Espíritu Santo (Hechos 19:1–7). Durante dos años, Pablo enseñó allí con fuerza con milagros extraordinarios (versículos 8–12).
El ministerio de Pablo en Éfeso resultó en un arrepentimiento masivo. Los practicantes de hechicería quemaron pergaminos valorados en 50.000 monedas de plata — el equivalente a casi 136 años de salario (19:18–20).
El templo principal de Artemisa estaba ubicado en Éfeso, y la difusión del evangelio enfureció a los artesanos del santuario (Hechos 19:23–41).
Pablo enseñó acertadamente que «los dioses hechos a mano no son realmente dioses» (Hechos 19:26). Pero para muchos en Éfeso, Artemisa era real. Los opositores al mensaje de Pablo gritaban: «¡Grande es Artemisa de los Efesios!» (versículo 34).
En Nobody's Mother, [Madre de nadie] Sandra Glahn describe a Artemisa como la segunda solo después de Zeus en importancia dentro del panteón grecorromano.
Los efesios convertidos al cristianismo vivían a la sombra del culto a la diosa pagana. De hecho, el culto a Artemisa es clave para entender 1 Timoteo 2:8–15.
PROBLEMAS EN LA IGLESIA
Tanto hombres como mujeres en Éfeso necesitaban corrección.
Pablo se dirigió primero a los hombres, diciéndoles que «oren en todo lugar, levantando manos santas, sin ira ni contienda» (1 Timoteo 2:8).
El conflicto era claramente un problema en las reuniones de Éfeso. Al describir los requisitos para los obispos y diáconos, Pablo dijo a Timoteo que no debe ser «borracho ni violento, sino respetuoso, apacible» (1 Timoteo 3:3).
Estos pasajes también sugieren que las mujeres no eran las únicas que causaban problemas.
Cuando Pablo empezó a dirigirse a las mujeres en 1 Timoteo 2:9, sus palabras continuaron lo que ya había dicho a los hombres. La palabra griega traducida como «también quiero» es hōsautōs, que significa «de la misma manera».
Pablo les dijo a las mujeres que «se atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia; no con peinado ostentoso, ni oro, ni perlas, ni vestidos costosos, 10 sino con buenas obras, como corresponde a mujeres que profesan piedad». (versículos 9–10).
Esto no era una digresión sobre los códigos de vestimenta. Pablo no quería que los seguidores de Cristo se presentaran como devotos de Artemisa.
En Wealth in Ancient Ephesus and the First Letter to Timothy, (La riqueza en el antiguo Éfeso y la primera carta a Timoteo) Gary G. Hoag analiza la Efesíacas de Jenofonte, una novela del siglo I. Esta obra griega antigua describe la vida, la vestimenta y el comportamiento en Éfeso, específicamente por los seguidores de Artemisa.
Hoag identifica una superposición significativa entre la representación de Jenofonte y el lenguaje de Pablo en 1 Timoteo 2:9–10. De hecho, Hoag escribe: «Casi todas las palabras de 1 Timoteo 2:9–10 aparecen en Efesíacas».
Según Hoag, el cabello trenzado y las joyas que describe Pablo estaban tan entrelazados con el culto a Artemisa que las prohibiciones de Pablo «pueden representar una instrucción para dejar de participar en actividades cultuales».
El testimonio de la Iglesia estaba en juego. Entre otras cosas, Pablo quería que los congregantes evitaran enviar mensajes contradictorios sobre de quién eran sus seguidores. Tenía preocupaciones similares al instruir a hombres y mujeres corintios sobre peinados y cubrimientos de cabeza (1 Corintios 11:2–16).
Es posible que los lectores modernos no reconozcan inmediatamente las alusiones de Pablo a Artemisa en 1 Timoteo 2:8–15, pero el público original lo habría entendido.
Aún dirigiéndose a las mujeres, Pablo centró su atención en la enseñanza y la autoridad: «La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción. Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio» (versículos 11–12).
Es importante señalar que el único imperativo en estos versículos es «a mujer aprenda». Lo que Pablo esperaba de las mujeres era un compromiso serio con el aprendizaje y el discipulado.
Aunque la palabra griega que usó Pablo, hēsuchia, puede referirse al silencio, aquí se traduce con mayor precisión como «estar en tranquilidad». Pablo usó el mismo término en 2 Tesalonicenses 3:12 al decir a las personas disruptivas que se asentaran y se dedicaran a un trabajo honesto.
«Sumisión» es una palabra cargada en muchas iglesias. No obstante, Gordon D. Fee señala que Pablo no especificó a quién deben someterse las mujeres.
Se esperaba que los hombres de la época de Pablo que se formaban bajo la tutela de un rabino escucharan con respeto silencioso. El hijo del maestro de Pablo, Gamaliel, escribió: «Nada mejor he encontrado para un hombre que el silencio».
Pablo instruyó a las mujeres a hacer lo mismo. Quería que aprendieran y crecieran con la calma y la atención de un líder en formación.
Cuando las mujeres de Corinto interrumpían las reuniones, Pablo también trató de calmar la situación (1 Corintios 14:34–35). De nuevo, esto no era una prohibición total de hablar. Está claro en 1 Corintios 11:5 que las mujeres estuvieron entre las que profetizaron. Las observaciones de Pablo eran parte de un llamamiento más amplio al orden en la adoración.
EL PROPÓSITO DE PABLO
En 1 Timoteo 2:12, Pablo hace una declaración que algunos afirman que excluye a las mujeres del ministerio: «Yo no les permito a las mujeres que les enseñen a los hombres ni que tengan autoridad sobre ellos, sino que escuchen en silencio».
Pablo señala entonces el Génesis: «Pues Adán fue formado primero; después, Eva; Adán no fue engañado sino la mujer, al ser engañada, incurrió en transgresión. Sin embargo, se salvará teniendo hijos si permanece en fe, amor y santidad con prudencia» (versículos 13–15).
La palabra «pues» (gar) indica que existe una conexión entre los versículos 13–15 y las afirmaciones previas de Pablo. Pero, ¿cómo se relaciona el orden de la creación con la enseñanza de las mujeres? ¿Está Pablo culpando a la mujer por el pecado original? ¿Qué tiene que ver todo esto con tener hijos?
Todo esto forma parte del llamado de Pablo a renunciar a la idolatría. En los versículos 9–10, Pablo dijo a las creyentes efesias que evitaran incluso la apariencia de adorar en el altar de Artemisa. En los versículos 13–15, Pablo refutó un conjunto de creencias falsas que atraían especialmente a las mujeres.
Como explica Glahn, Artemisa era la diosa virgen de la partería. La mortalidad materna era alta en la antigüedad, y las mujeres acudían a la diosa en busca de ayuda durante el parto.
Muchos también consideraban a Artemisa la madre de toda la vida. En la literatura antigua, Artemisa nació nueve días antes que su hermano gemelo, Apolo. Su orden de nacimiento y su persistente conexión en el mundo grecorromano con la diosa egipcia Isis contribuyeron a la idea de que el hombre se originó a partir de la mujer.
Pablo refutó esta idea recordando a los efesios lo que enseña las Escrituras: «Adán fue formado primero; después Eva» (versículo 13).
El énfasis en el engaño de Eva en el versículo 14 probablemente refuta otro detalle de la historia de Artemisa. Hoag señala que los escritos de Jenofonte relatan un mito de la creación en Efesio en el que el hombre fue engañado.
El punto de Pablo no era que las mujeres sean inherentemente más vulnerables al engaño espiritual. En otras partes de su correspondencia con Timoteo, Pablo llamó a los pecadores (1 Timoteo 1:19–20; 2 Timoteo 2:17–18; 3:8). Y en Tito 3:3, Pablo se incluyó entre los que habían sido engañados antes de venir a Cristo.
Los rollos de hechicería en Hechos 19:19 eran emblemáticos del engaño que atrapó a gran parte de la población en Éfeso. Fuentes antiguas relacionan a Artemisa con conjuros y magia.
El propósito de la carta de Pablo era detener la enseñanza falsa dentro de la iglesia efesia, tanto entre hombres como mujeres (1 Timoteo 1:3). Sus referencias a «cuentos de viejas» (1 Timoteo 4:7) y «hablando de lo que no deben» (1 Timoteo 5:13) pueden ser alusiones a la brujería.
La afirmación de Pablo sobre la maternidad ayuda a explicar por qué las mujeres, en particular, se sintieron atraídas por prácticas cultuales asociadas con Artemisa, a veces incluso después de la conversión al cristianismo. En Éfeso y en todo el Imperio Romano, las mujeres dependían de Artemisa para evitar un parto doloroso — o algo peor.
Cabe destacar que documentos antiguos se refieren a Artemisa como «salvadora». En cambio, Pablo enseña que Dios es nuestro Salvador a través de Cristo (1 Timoteo 1:1; 2:3; 4:10).
La certeza en 1 Timoteo 2:15 de que «se salvará engendrando hijos, si permaneciere en fe, amor y santificación, con modestia» deja claro que alguien salva, pero no es Artemisa.
Sin mencionar a Artemisa por su nombre, Pablo rechazó su capacidad de salvar y proclamó el poder salvador de Dios. Nombrar explícitamente a Artemisa podría haber puesto en peligro a Timoteo y a los demás creyentes. Sin embargo, Pablo conectó con la congregación usando un lenguaje que podían comprender fácilmente.
LO QUE PABLO PROHIBIÓ
Este es el contexto de la controvertida afirmación de Pablo en 1 Timoteo 2:12: «Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio».
La cuestión crucial aquí es lo que Pablo entiende con authentein, la palabra traducida como «ejerza autoridad» en la NVI.
Traducciones más antiguas, como la versión King James, (en inglés) emplean un lenguaje más contundente: «tomar autoridad».
Aunque authentein solo aparece una vez en el Nuevo Testamento griego, existen múltiples ejemplos de su uso en fuentes anteriores, incluyendo la traducción al griego de algunos textos apócrifos.
Aproximadamente un siglo antes de que Pablo escribiera 1 Timoteo, la Sabiduría de Salomón usaba la palabra para referirse a padres que asesinaban a los niños. El paterfamilias, el varón más viejo vivo en una casa romana, tenía autoridad legal completa sobre sus hijos y todas las posesiones familiares. Esto incluía el poder de vida y muerte.
Cabe destacar que Pablo no utilizó su término habitual para la autoridad, exousia, que aparece 27 veces en sus cartas. Quizá Pablo tenía en mente la autoridad específica del paterfamilias .
En vez de autoridad en un sentido general, Pablo podría referirse al tipo de poder que puede conducir a la violencia. Si las mujeres estaban cruzando esos límites culturales y éticos, eso explicaría sin duda por qué Pablo sintió la necesidad de abordarlo.
La frase «enseñar o asumir autoridad» proviene de una construcción griega que puede significar «cualquiera/o con», pero que también puede sugerir causa y efecto. Si Pablo tenía en mente lo segundo, podríamos leer 1 Timoteo 2:12 de esta manera: «No permito que una mujer enseñe para reclamar la autoridad suprema (de un paterfamilias) sobre un hombre; ella debe estar tranquila».
En 1 Timoteo 2:8, Pablo dijo a los hombres que no fueran violentos. Luego instruyó a las mujeres a aprender (versículo 11) y a evitar enseñar de manera que perjudicara a otros (versículo 12), especialmente promoviendo doctrinas falsas.
Glahn observa: «La instrucción del autor sugiere que tanto los maridos como las mujeres en la reunión deben calmarse».
Hoag enmarca las instrucciones de Pablo de esta manera:
Las mujeres deben dejar de propagar la herejía que promovía a la mujer como usurpadora de autoridad del hombre, a la mujer como originadora del hombre, y que el hombre era el engañado en el relato de la creación. Aunque estas realidades religiosas pueden vincularse a los mitos asociados con Artemisa e Isis, las mujeres ya no deben enseñarlas.
Pablo comenzó 1 Timoteo 2:8–15 abordando el comportamiento calmado de los hombres y luego de las mujeres. Luego instruyó a las mujeres a aprender y participar de una manera que no violara el orden civil. A esto le siguió afirmando lo que enseña la Escritura, oponiéndose claramente al culto a Artemisa.
MUJERES LÍDERES
¿Prohibió Pablo toda enseñanza hecha por mujeres? ¿Limitó a las mujeres al ministerio solo entre otras mujeres?
Las pruebas sugieren firmemente que Pablo no tenía ninguna de las dos posiciones. Además de muchos ejemplos de liderazgo femenino en los escritos de Pablo, el relato de los Hechos deja claro que Priscila enseñó a Apolos.
A pesar de la cultura patriarcal circundante, el liderazgo parece haber sido un papel normativo para las mujeres en la Iglesia primitiva.
Timoteo debía transmitir lo que escuchaba de Pablo «personas dignas de confianza que estén capacitadas para transmitirlas a otros» (2 Timoteo 2:2, énfasis añadido). La palabra griega anthrōpos es genérica para «ser humano» en vez de específica para «hombre». Presumiblemente, entre esos profesores había mujeres como Priscilla.
De hecho, Pablo terminó esa misma carta saludando a Priscila y Áquila (4:19). Esto habría sido extraño si Pablo se hubiera opuesto a las mujeres en el liderazgo.
Pablo elogió repetidamente a las mujeres en el ministerio, poniéndolas como ejemplo para que otros siguieran. Primera Timoteo 2:11–12 se entiende mejor no como una contradicción de esa postura, sino como una situación única que requiere contexto.Basándonos en parte en ese pasaje, nuestra cultura eclesiástica formativa habría insistido en que Rosemarie y yo estamos desobedeciendo a Dios en nuestros roles ministeriales. Pero eso no representa con precisión la visión de Pablo.
Pablo celebraba el ministerio fiel tanto de hombres como de mujeres. También refutó cualquier enseñanza —independientemente del mensajero o del contexto— que no se alinee con la verdad bíblica.
En tiempos modernos, las mujeres pentecostales han respondido al llamado de llevar el evangelio por todo el mundo, plantar iglesias, pastorear congregaciones, liderar organizaciones paraeclesiásticas y enseñar la Palabra de Dios.
En vez de poner barreras en los caminos de las personas que Dios ha llamado, deberíamos empoderarlas para servir y dar la bienvenida a sus contribuciones en el Reino.
Probablemente haya alguien como Rosemarie en tu congregación. Puede que esté luchando con el llamado de Dios y preguntándose si hay un lugar para ella en el ministerio vocacional. ¿Cómo responderás?
Las palabras de Pablo sobre la diaconisa Febe son un buen punto de partida: «Pido que la reciban dignamente en el Señor, como conviene hacerlo entre hermanos en la fe; préstenle toda la ayuda que necesite» (Romanos 16:2).
Este artículo apareció originalmente en el número de invierno de 2026 de la revista Influence. Usado con permiso.
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