El umbral de un año nuevo
Al acercarse el final de 2025, nos encontramos en el umbral de la reflexión y la preparación. Un año termina y otro nos espera, invitándonos a detenernos y recordar la fidelidad del Señor durante el año pasado, mientras preparamos nuestros corazones para lo que Él nos tiene preparado en el año que viene. Para los creyentes, hoy es más que un cambio en el calendario, ofrece una oportunidad espiritual.
REFLEXIÓN
El salmista David declara: «Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios». (Salmo 103:2). La reflexión es más que una simple revisión mental de días pasados, es una disciplina espiritual que obliga a nuestra alma a deleitarse en la bondad de Dios. La reflexión también fortalece nuestro corazón y mente al repasar los testimonios de victorias a través de los cuales Dios nos ha guido. Algunos días traen alegría y otros decepción, pero a lo largo de cada estación, la reflexión nos ayuda a recordar que el Señor sigue siendo fiel.
Para muchos cristianos, este año requirió resistencia. Quizá hiciste oraciones que te llevaron a depender completamente del Señor mientras esperabas expectante una respuesta que creías que tardaba más en recibir de lo que te resultaba cómodo. O quizá este año te enseñó lecciones duras que no esperabas aprender. Pero a pesar de todo, las Escrituras nos recuerdan que Dios no desperdicia nada. Cuando entendemos que la obra de Dios en nosotros y a través de nosotros está dirigida a cumplir los buenos propósitos de Dios, nuestra vida tiene sentido y dirección. El apóstol Pablo dice: «porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad» (Filipenses 2:13). En los momentos difíciles, en lugar de reprimir el dolor, convirtamos estas pruebas en testimonios de la gracia de Dios.
PREPARACIÓN
Sin embargo, la reflexión es solo la mitad de la ecuación. Dios no solo nos llama a mirar atrás, también nos insta a avanzar. Pablo habla de este llamado al avance cuando escribe: «olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta» (Filipenses 3:13-14).
Prepararnos para el año que viene y buscar la dirección de Dios para la próxima etapa de la vida nos ayuda a reconocer nuestra profunda necesidad del Espíritu Santo. No podemos avanzar solos, necesitamos el empoderamiento del Espíritu. Antes de su ascenso al cielo, Jesús prometió al Espíritu Santo, nuestro ayudante que nos guiaría hacia toda la verdad.
«Cuando venga el Espíritu de verdad, él los guiará a toda la verdad. Él no hablará por su propia cuenta, sino que les dirá lo que ha oído y les contará lo que sucederá en el futuro» (Juan 16:13).
Así que, al entrar en un nuevo año, renovemos nuestro compromiso con estas disciplinas espirituales, alineando nuestro corazón con la voluntad de Dios en oración. Que adoremos de una manera que reoriente nuestro enfoque de nuestras circunstancias actuales hacia la soberanía de Dios.
En esta Nochevieja, los invito a liberar la falta de perdón, el arrepentimiento, la amargura y el miedo, todas cosas que son una carga para nuestra alma. No siempre es fácil, pero Jesús promete que si ponemos estas cosas a sus pies, Él cargará con nuestras cargas (Mateo 11:28-30).
Al mismo tiempo, los invito a mirar el futuro con anticipación y expectativa de que el Dios de ayer es el mismo Dios que estará con nosotros mañana (Hebreos 13:8). Él estuvo presente en nuestro pasado y estará presente en los días venideros, estableciendo nuestros pasos si le encomendamos nuestros planes (Proverbios 16:9).
Hoy los bendigo y pido que la paz y presencia de Dios se revelen de maneras nuevas e increíbles.
«Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén» (Efesios 3:20-21).
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